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Cine. La Ceremonia de Entrega de los Arieles 67 será en Puerto Vallarta


Esta año la AMACC entregará el Ariel de Oro a Patricia Reyes Spíndola, al Sindicato de Trabajadores de la Producción Cinematográfica y Jacqueline Andere

Patricia Reyes Spíndola, Sindicato de Trabajadores de la Producción Cinematográfica y Jacqueline Andere. Fotos: AMACC

Claudia Andalón / Guadalajara

«La Academia Mexicana de Artes y Ciencias Cinematográficas reconocerá a Patricia Reyes Spíndola, al Sindicato de Trabajadores de la Producción Cinematográfica y a Jacqueline Andere con el Ariel de Oro en la 67° Ceremonia de entrega del Premio Ariel, que se llevará a cabo el 20 de septiembre de 2025en Puerto Vallarta, Jalisco.

La noticia se dio en el marco del FICG40, Michell Fridman secretaria de Turismo de Jalisco anunció que el Estado destinará más de 10 millones de pesos en la realización de esta actividad a la que se espera asistan 800 invitados con el propósito de atraer cerca de 100 productores que fimen en Jalisco y un impacto de 50 millones de espectadores a través de la transmisión que hagan medios de comunicación en diversas plataformas.

La funcionaria anunció que a partir de 2026 Jalisco entregará el Premio Filma que es la continuación del Premio Hecho en Jalisco que incluye 70 mil pesos para el mejor largometraje y 30 mil pesos para el mejor cortometraje que se filme en  la región.  Durante la ceremonia estuvieron también Estrella Araiza y Guillermo Gómez Mata directora y presidente del Patronato del FICG, respectivamente, Armando Casas, presidente de la AMACC y Alejandro Tavares director de Filma Jalisco.

El Mayahuel de Oro se otorga a los talentos e instituciones por su labor de excelencia a lo largo de su trayectoria y para reconocer sus contribuciones al desarrollo y crecimiento de la cinematografía mexicana.

A través de un comunicado la AMACC recordó que el primer Ariel de Oro se entregó a María Félix en 1986, en la XXVIII ceremonia del Premio Ariel y desde entonces la academia ha distinguido a 89 personalidades e instituciones con la estatuilla dorada.

Patricia Reyes Spíndola

Es actriz, directora y productora mexicana con una distinguida carrera dentro del cine, el teatro y la televisión. Comenzó su preparación desde muy joven, cursando talleres diversos entre Londres y la Ciudad de México. En 1972, con 21 años de edad, realizó su primera aparición en el cine en El señor de Osanto de Jaime Humberto Hermosillo. En 1974, en paralelo a su carrera dentro del medio audiovisual, comienza una carrera en el teatro, debutando en el Teatro Fru Fru de la Ciudad de México.

A lo largo de su trayectoria ha actuado en más de 50 películas, de las que destacan La otra virginidad (Juan Manuel Torres, 1974), Las poquianchis (Felipe Cazals, 1976), Actas de Marusia (Miguel Littín, 1976), La venganza de un hombre llamado caballo (Irvin Kershner, 1976), Pedro Páramo (José Bolaños, 1978), Ora sí, ¡tenemos que ganar! (Raúl Kamffer, 1978), Nocturno amor que te vas (Marcela Fernández Violante, 1987), Profundo carmesí (1996) y El coronel no tiene quien le escriba (1999), de Arturo Ripstein, Frida (Julie Taymor, 2002) y Malos hábitos (Simón Bross, 2005).

Dos veces acreedora del Premio Ariel, en la categoría de Mejor Actriz por sus actuaciones en Los motivos de Luz (Felipe Cazals, 1985) y en La reina de la noche (Arturo Ripstein, 1994). Asimismo, recibió una estatuilla en la categoría de Mejor Coactuación Femenina por Actas de Marusia y otra por Mejor Actriz de Cuadro por El otro crimen.

Actualmente es la directora general de MM Studio, escuela y productora teatral que funciona a base de talleres, replicando la manera en la que Spíndola se formó, impulsando el acercamiento a diferentes técnicas, lo que favorece una educación actoral abierta y plural.

Sindicato de Trabajadores de la Producción Cinematográfica

Fundado en 1945, como una división del Sindicato de Trabajadores de la Industria Cinematográfica (STIC), debido a conflictos entre técnicos, actores y directores con el secretario general del STIC, Salvador Carrillo; el Sindicato de Trabajadores de la Producción Cinematográfica ha desempeñado un papel importante en el desarrollo del cine mexicano. La formación del STPC fue impulsada por un grupo de personalidades relevantes para la industria del momento: Mario Moreno «Cantinflas» como Secretario General, Jorge Negretcomo Secretario de Conflictos, Gabriel Figueroa como Secretario de Trabajo y Alejandro Galindo como Secretario de Cultura.

Estas figuras fueron indispensables para la fundación de la Academia Mexicana de Ciencias y Artes Cinematográficas, misma que adquirió su registro ante el notario el 3 de julio de 1946. Alejandro Galindo, Carlos Pellicer, Gabriel Figueroa, son solo algunos de los nombres que aparecen en el acta y que formaron parte de la Comisión de Premiación que en 1946 otorgó por primera vez el Premio Ariel. Es importante señalar que en esta comisión estaban representados la Asociación de Productores y Distribuidores, la Cámara de la Industria Cinematográfica, el STPC, el PECIME y la Secretaría de Gobernación y la Universidad Femenina de México.

En 1964 la Sección de Técnicos y Manuales del STPC lanzó una convocatoria para participar en el Primer Concurso de Cine Experimental, en el que se abre una puerta para recibir a una nueva generación de cineastas, escritores y técnicos del cine mexicano. El STPC colaboró con productores y con el gobierno para establecer contratos colectivos, además se convirtió en un componente fundamental negociando condiciones laborales y participando incluso en decisiones creativas.


El sindicato está integrado por los trabajadores de cualquier especialidad técnica, manual, artística o intelectual que intervienen en la producción de películas de cualquier milimetraje, medida o tiempo cinematográfico. Su labor en apoyo de producciones mexicanas ha sido importantísima. El STPC representa a trabajadores técnicos y colabora con instituciones como IMCINE y Cinematografía de la UNAM y se perfiló como una organización clave para la consolidación de la industria cinematográfica en México.

Jacqueline Andere

Actriz mexicana con una destacada trayectoria de más de 60 años dentro de la escena nacional. Se inició como actriz en el teatro experimental, consiguiendo su primer papel a los 17 años en Romeo y Julieta. Su debut en la gran pantalla sucedió en 1959 con el filme de Benito Alazraki, Vestido de novia, protagonizada por Ana Luisa Peluffo y Ramón Gay; posteriormente, formó parte de grandes proyectos como El ángel exterminador (Luis Buñuel, 1962), Rocambole contra las mujeres arpías (Emilio Gómez Muriel, 1967), Un largo viaje hacia la muerte (1968), y Las bestias jóvenes (1970), ambas de José María Fernández Unsáin, Amor, amor, amor (1965) de Benito Alazraki, Manuel Barbachano Ponce y Héctor Mendoza, y su gran éxito, Yesenia (1971), dirigida por Alfredo B. Crevenna, entre muchas otras. En 1971 se destacó por su participación en Las puertas del paraíso de Salomón Laiter, una de las películas con las que se reanuda la entrega del Premio Ariel en 1972, luego de su interrupción en 1958. En 1971 filmó la película Nido de fieras (Rubén Galindo), en la que trabajó con Alberto Vázquez, el ídolo musical juvenil del momento.

En la televisión ha participado en un gran número de  telenovelas y en el ámbito teatral ha destacado en obras como Entre mujeresCarlota Emperatriz El amor no tiene edad.

Ha sido nominada en diversas ocasiones por la Asociación de Periodistas Cinematográficos de México (PECIME), resultando ganadora de La Diosa de Plata en la categoría de Mejor Coactuación Femenina, por su trabajo como Alicia de Roc en El ángel exterminador y como Mejor Actriz por su trabajo en Trampas de amor y La señorita. De acuerdo con la AMACC Jacqueline Andere representa la transición entre dos generaciones: el final de la Época de Oro y los inicios del Nuevo Cine Mexicano de la segunda mitad del siglo pasado.

Mayor información en el sitio de la AMACC y redes sociales oficiales. BP.

Estatuilla del Premio Ariel: ESPECIAL


MARCO ANTONIO, icono del Romanticismo Musical Hispanoamericano e hijo adoptivo de Puerto Rico


Portadas de algunos de los discos que Marco Antonio Muñiz dedicó a Puerto Rico. Fotos: ISRAEL ROLÓN BARADA

Por Israel Rolón Barada

Tres grandes estrellas de la música popular del siglo XX iluminaban el contexto y establecieron los parámetro del repertorio musical de mis padres desde que se conocieron en 1960. Estas eran: Marco Antonio Muñiz, Olga Guillot, y Lucho Gatica.

Aunque de los tres, mis padres me enseñaron desde niño que Marco Antonio era lo máximo. Que no había, ni podría haber, otro intérprete de la canción con la belleza, la calidad y la sutileza de aquella voz. Algo que pude confirmar con el paso de los años, de las décadas, y que todavía me conforta. Al escuchar su voz y sus canciones hay algo mágico que no solo me evoca a mis padres en sus mejores momentos, pero que me garantiza que no ha pasado nada y todo sigue igual. En pocas palabras, la belleza de su voz y su música me provocan un sentimiento único y muy profundo, lleno de un amor familiar muy grande gracias al icono cultural mexicano que, sin duda alguna, también forma parte de Puerto Rico.

Marco Antonio Muñiz, que nació en Guadalajara, en 1933, gracias a su talento musical, la belleza de su voz y su gran carisma artístico, le dio la vuelta al mundo convirtiéndose en uno de los intérpretes musicales mexicanos más famosos e importantes del siglo XX por el resto de Hispanoamérica. Nosotros, en Puerto Rico, tuvimos la suerte, la oportunidad y el privilegio de contar con su presencia y su contribución cultural a través de su extensa y variada obra musical, por más de 35 años.

Varios factores contribuyeron a todo esto, logrando así un vínculo único que lo incorporan para siempre al patrimonio cultural del folclore puertorriqueño. Aunque su primera visita a la isla fuese como parte integrante del famoso trío Los Tres Ases a finales de la década de los años 50, su primera aparición como solista  en 1960 en la sala de conciertos y espectáculos del Hotel Condado Beach, ahora el Condado Vanderbilt, marcó el comienzo de su presencia y esa relación a largo plazo en el mundo del espectáculo en Puerto Rico. Aunque él mismo le señalara un día a mi padre que su presentación y concierto, aquel mismo año, en el Teatro de la Universidad de Puerto Rico significaba, muy dentro de sí, el momento clave y ese click especial con el pueblo y la cultura puertorriqueña. Aún y así, mi padre nunca podría olvidar el momento sublime de poder escuchar aquella voz por primera vez que provenía detrás de las cortinas de aquel escenario en el Condado Beach interpretando “Adelante, quien quiera que sea que me esté tocando las puertas del alma…” rezaba la bella canción. El público se paralizó, cuenta mi padre, ante la profundidad y fuerza de aquella voz, de una cara todavía desconocida que se mantenía oculta tras aquellas cortinas. Momento sublime que enmarcó una de las primeras citas de mis padres como novios.

Un par de años más adelante, en diciembre de 1962, extendiéndose hasta el 1997, a medida de contrato y compromiso cultural con el pueblo puertorriqueño, Muñiz dio comienzo a sus conciertos navideños en el Club Caribe del Caribe Hilton. Esos 35 años consecutivos de la presencia y participación de Marco Antonio Muñiz en la época del año más importante y significativa para todos los puertorriqueños, solidificaron la ya estrecha relación musical entre los dos países, México y Puerto Rico.

Me siento muy honrado en poder relatar y narrar con orgullo lo que significa el nombre de MARCO ANTONIO MUÑIZ para nosotros los puertorriqueños, amantes de la música en todas sus dimensiones, en especial cuando su belleza y su calidad nos transporta a un mundo que trasciende las barreras geográficas y culturales de todo tipo. Hablamos de un mundo de amor que traspasa las diferencias políticas o de género, y todo lo establecido por sociedades absurdas o arcaicas, donde existe esa lengua universal amorosa, en este caso expresada a través de la música romántica de un gran intérprete que fue y siempre será Marco Antonio Muñiz.

Hoy, uniéndome en homenaje al rey de la canción, doy testimonio de también haber asistido a uno de sus conciertos en aquel Club Caribe donde fui acompañado de un primer amor de juventud y adolescencia para diciembre de 1984…, un momento que atesoro por la gran experiencia de haber podido disfrutar en persona de la grandeza y aquella conexión entre Muñiz y su público puertorriqueño, cuando incluía en su repertorio con despecho: “De lo que te has perdido la noche de anoche por no estar conmigo…” Aunque sigo prefiriendo aquellas melodías sublimes y románticas como sus “Pasos inciertos”, “Mala Ley”, “Luz y sombra” “Celoso”, “Escándalo”,  “Ven / Mi amor por ti”, «El despertar», «El vicio», «Delirio», «Incontenible»… No hay límites.

La presencia y la participación de Marco Antonio, como cantante internacional, en la cumbre de su extensa y prolifera trayectoria musical, en la plataforma musical que para aquellos años representaba y proveía el Hotel Caribe Hilton, y el alcance y la promoción de su producción musical, incluyendo las más bellas canciones de compositores puertorriqueños, como «Preciosa» o «Lamento Borincano» de Rafael Hernández, «Perdón» de Pedro Flores, «Poquita Fe» de Bobby Capó, «Olas y arenas» de Silvia Rexach, o «En mi viejo San Juan» de mi tío Noel Estrada, entre tantas otras, con temor de dejarlas fuera de la extensa lista, certificaron esa dualidad y esa eterna relación artística entre el cantante mexicano y Puerto Rico.

Espero haber podido compartir e ilustrar una pincelada del gran impacto de Marco Antonio Muñiz dentro de la historia musical de Puerto Rico, y así poder enviarle toda mi admiración y gratitud por la belleza y el sentimentalismo de su legado musical. Hasta un próximo encuentro Maestro!

DISCOGRAFÍA DE MARCO ANTONIO MUÑIZ DEDICADA A PUERTO RICO

El contenido y las opiniones expresadas en este texto son responsabilidad exclusiva del autor.