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Al amparo de los hechos, y del papel que la historia le ha reservado a don Agustín de Iturbide y Arámburo, el Libertador, a doscientos años de distancia, toma especial sentido la sentencia de don Jesús Reyes Heroles: En política mexicana la forma es fondo, así como la reflexión del historiador inglés Ralph Turner:
No pueden los hombres vivir sin historia. Si no poseyesen historia, la inventarían; en realidad, así lo han hecho. Semejante invención, aunque no cuadre con la verdad, cumple con su fin, no es menester contar con una historia verídica; piden sólo una historia que los satisfaga, esto es, una historia a la cual puedan acudir, a sabiendas de que les brindará una justificación de sus actos y convicciones. La historia es la propaganda natural del orden social; por esta razón la frase: «La historia es la política del pasado» debería trocarse en esta otra: «La historia es la política del presente.»
Hemos podido apreciar que el paso de don Agustín de Iturbide y Arámburo, el Libertador de la Nación Mexicana, desde su inicio ha sido controvertido y azaroso. Después de la entrada triunfal del 27 de septiembre de 1821. Una vez muerto el Libertador, se dio inicio a otras guerras, a lo largo de estos doscientos años de historia independiente, éstas quizá mas crueles e inclementes, unas veces fueron soterradas; otras a flor de piel, donde corrió la sangre a raudales, todos sus actores se presentaban a ellas por amor a la patria, es innegable que muchos de sus hombres perseguían causas nobles, no así otros, ya que su verdadera causa, era la lucha por el poder e imponer las formas de cómo ejercerlo; todos han utilizado en todo momento el manejo de los símbolos y de las imágenes, cuyos efectos han quedado patentizados, algunas veces en la formación, otras en la deformación de la consciencia histórica en las aulas escolares en esos doscientos años de un México libre.
Así las cosas, no pierdo la esperanza, que las nuevas generaciones de mexicanos, verdaderamente libres, se recreen en el estudio y profundización en su historia, vista ésta como un patrimonio cultural tangible, no intangible, que es de suyo valioso, toda vez que muchas de sus paginas se han escrito con sangre y sus efectos para bien o para mal, son palpables aquí y ahora. Que cuando tengan un libro de historia patria recuerden el viejo proverbio chino, cuando el sabio señala la luna, el imbécil ve el dedo. Así ponderen que todos los hombres sobresalientes y singulares, tanto los buenos como los malos, juntos como hermanos en la mexicanidad, son finalmente parte misma de la construcción del edificio de nuestra historia y de nuestra nacionalidad, para que no olviden jamás, que vivieron y murieron por un ideal común: darnos patria. Así, en el diálogo íntimo de la lectura y de la reflexión, disientan, confronten, contrapesen.
Griten ¡Ya Basta!
Y así, desechen con juicio critico, objetivo e imparcial, la tarea fútil de cuidar las formas de la política y de sacrificar el fondo, la verdad, la justicia, la gratitud.
NOTA: Este texto se presentó en el Coloquio Bicentenario de la Consumación de la Independencia
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