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MARCO ANTONIO, icono del Romanticismo Musical Hispanoamericano e hijo adoptivo de Puerto Rico


Portadas de algunos de los discos que Marco Antonio Muñiz dedicó a Puerto Rico. Fotos: ISRAEL ROLÓN BARADA

Por Israel Rolón Barada

Tres grandes estrellas de la música popular del siglo XX iluminaban el contexto y establecieron los parámetro del repertorio musical de mis padres desde que se conocieron en 1960. Estas eran: Marco Antonio Muñiz, Olga Guillot, y Lucho Gatica.

Aunque de los tres, mis padres me enseñaron desde niño que Marco Antonio era lo máximo. Que no había, ni podría haber, otro intérprete de la canción con la belleza, la calidad y la sutileza de aquella voz. Algo que pude confirmar con el paso de los años, de las décadas, y que todavía me conforta. Al escuchar su voz y sus canciones hay algo mágico que no solo me evoca a mis padres en sus mejores momentos, pero que me garantiza que no ha pasado nada y todo sigue igual. En pocas palabras, la belleza de su voz y su música me provocan un sentimiento único y muy profundo, lleno de un amor familiar muy grande gracias al icono cultural mexicano que, sin duda alguna, también forma parte de Puerto Rico.

Marco Antonio Muñiz, que nació en Guadalajara, en 1933, gracias a su talento musical, la belleza de su voz y su gran carisma artístico, le dio la vuelta al mundo convirtiéndose en uno de los intérpretes musicales mexicanos más famosos e importantes del siglo XX por el resto de Hispanoamérica. Nosotros, en Puerto Rico, tuvimos la suerte, la oportunidad y el privilegio de contar con su presencia y su contribución cultural a través de su extensa y variada obra musical, por más de 35 años.

Varios factores contribuyeron a todo esto, logrando así un vínculo único que lo incorporan para siempre al patrimonio cultural del folclore puertorriqueño. Aunque su primera visita a la isla fuese como parte integrante del famoso trío Los Tres Ases a finales de la década de los años 50, su primera aparición como solista  en 1960 en la sala de conciertos y espectáculos del Hotel Condado Beach, ahora el Condado Vanderbilt, marcó el comienzo de su presencia y esa relación a largo plazo en el mundo del espectáculo en Puerto Rico. Aunque él mismo le señalara un día a mi padre que su presentación y concierto, aquel mismo año, en el Teatro de la Universidad de Puerto Rico significaba, muy dentro de sí, el momento clave y ese click especial con el pueblo y la cultura puertorriqueña. Aún y así, mi padre nunca podría olvidar el momento sublime de poder escuchar aquella voz por primera vez que provenía detrás de las cortinas de aquel escenario en el Condado Beach interpretando “Adelante, quien quiera que sea que me esté tocando las puertas del alma…” rezaba la bella canción. El público se paralizó, cuenta mi padre, ante la profundidad y fuerza de aquella voz, de una cara todavía desconocida que se mantenía oculta tras aquellas cortinas. Momento sublime que enmarcó una de las primeras citas de mis padres como novios.

Un par de años más adelante, en diciembre de 1962, extendiéndose hasta el 1997, a medida de contrato y compromiso cultural con el pueblo puertorriqueño, Muñiz dio comienzo a sus conciertos navideños en el Club Caribe del Caribe Hilton. Esos 35 años consecutivos de la presencia y participación de Marco Antonio Muñiz en la época del año más importante y significativa para todos los puertorriqueños, solidificaron la ya estrecha relación musical entre los dos países, México y Puerto Rico.

Me siento muy honrado en poder relatar y narrar con orgullo lo que significa el nombre de MARCO ANTONIO MUÑIZ para nosotros los puertorriqueños, amantes de la música en todas sus dimensiones, en especial cuando su belleza y su calidad nos transporta a un mundo que trasciende las barreras geográficas y culturales de todo tipo. Hablamos de un mundo de amor que traspasa las diferencias políticas o de género, y todo lo establecido por sociedades absurdas o arcaicas, donde existe esa lengua universal amorosa, en este caso expresada a través de la música romántica de un gran intérprete que fue y siempre será Marco Antonio Muñiz.

Hoy, uniéndome en homenaje al rey de la canción, doy testimonio de también haber asistido a uno de sus conciertos en aquel Club Caribe donde fui acompañado de un primer amor de juventud y adolescencia para diciembre de 1984…, un momento que atesoro por la gran experiencia de haber podido disfrutar en persona de la grandeza y aquella conexión entre Muñiz y su público puertorriqueño, cuando incluía en su repertorio con despecho: “De lo que te has perdido la noche de anoche por no estar conmigo…” Aunque sigo prefiriendo aquellas melodías sublimes y románticas como sus “Pasos inciertos”, “Mala Ley”, “Luz y sombra” “Celoso”, “Escándalo”,  “Ven / Mi amor por ti”, «El despertar», «El vicio», «Delirio», «Incontenible»… No hay límites.

La presencia y la participación de Marco Antonio, como cantante internacional, en la cumbre de su extensa y prolifera trayectoria musical, en la plataforma musical que para aquellos años representaba y proveía el Hotel Caribe Hilton, y el alcance y la promoción de su producción musical, incluyendo las más bellas canciones de compositores puertorriqueños, como «Preciosa» o «Lamento Borincano» de Rafael Hernández, «Perdón» de Pedro Flores, «Poquita Fe» de Bobby Capó, «Olas y arenas» de Silvia Rexach, o «En mi viejo San Juan» de mi tío Noel Estrada, entre tantas otras, con temor de dejarlas fuera de la extensa lista, certificaron esa dualidad y esa eterna relación artística entre el cantante mexicano y Puerto Rico.

Espero haber podido compartir e ilustrar una pincelada del gran impacto de Marco Antonio Muñiz dentro de la historia musical de Puerto Rico, y así poder enviarle toda mi admiración y gratitud por la belleza y el sentimentalismo de su legado musical. Hasta un próximo encuentro Maestro!

DISCOGRAFÍA DE MARCO ANTONIO MUÑIZ DEDICADA A PUERTO RICO

El contenido y las opiniones expresadas en este texto son responsabilidad exclusiva del autor.

CINE. Recuerdan a Sara Montiel en su XII aniversario luctuoso


Israel Rolón Barada, autor de Sara Montiel: La mujer y la estrella más allá del mito, habla del vertiginoso paso de la diva española por México, algunos detalles de la vida de la gran artista lejos de los reflectores, desde su cercanía con Alfonso Reyes a la relación que mantuvo con su representante, el líder comunista Juan Manuel Plaza Huertas.

Enrique Vázquez Lozano / Guadalajara

María Antonia Abad Fernández, mejor conocida como Sara Montiel y algunas escenas de las películas que filmó en México con Agustín Lara y Pedro Infante. Fotos: ESPECIAL

Hoy se cumple el XII aniversario luctuoso de María Antonia Abad Fernández, mejor conocida como Sara Montiel, una de las grandes divas españolas que adoptó a México como segunda patria y que en muy poco tiempo logró consolidar desde este país una proyección internacional, tal y como puede leerse a detalle en el libro Sara Montiel: La mujer y la estrella más allá del mito de Israel Rolón Barada que está por agotar una edición de 3 mil ejemplares y que se ha presentado con éxito en San Juan Puerto Rico, Los Ángeles y Washington.

El autor compartió para el auditorio de Balsia Producciones estar satisfecho de que una figura como Sara Montiel continúe despertando interés entre el gran público que dejó tanto en España como en Estados Unidos y diversos países de Hispanoamérica, en especial México. “Ya se me han acercado productores de cine para explorar la posibilidad de realizar una biopic a partir de lo que narro en el libro”, dijo.

El legado de quien Rolón Barada se refiere como “una gran vendedora de ilusiones”, en términos cinematográficos y musicales, continúa vivo. En México Sara Montiel dejó su huella en producción como Furia Roja al lado de Arturo de Córdova, una película dirigida por Steve Sekely y Víctor Urruchúa, escrita por Wells Root, la trilogía que filmó con Pedro Infante: Ahí viene Martín Corona, además de las películas El Enamorado, y Necesito Dinero, todas ellas dirigidas por Miguel Zacarías.

La lista de estas joyas cinematográficas continúa con: Donde el círculo termina, de Alfredo B. Crevenna y escrita por Luis Spota, Cárcel de Mujeres al lado de Miroslava Stern y Elda Peralta, dirigida por Miguel M. Delgado, dos películas con Agustín Lara: Por qué ya no me quieres y Se necesitan modelos, dirigidas por Chano Urueta. En la primera de estas es  donde canta y baila, acompañada del maestro Agustín Lara su famosa composición “Madrid”.

También hizo la película Piel Canela, el film dirigido por Juan José Ortega que lleva el nombre de uno de los grandes éxitos de Bobby Capó que en palabras de Rolón Barada “fue la película que justo llamó tanto la atención en Hollywood y por eso le ofrecieron futuros contratos, en United y Warner Brothers.

Para darse una idea del vertiginoso ímpetu de Montiel, todas estas producciones las realizó entre 1950 y 1954.

“Recuerdo que la propia Sara Montiel decía, -yo trabajaba como una esclava-, refiriéndose a la gran cantidad de proyectos a los que se dedicó y todos cuesta arriba porque además hay que recordar que durante ese tiempo Agustín Lara la contrató como solista de su orquesta para realizar diversos conciertos en México y en Estados Unidos en icónicos foros artísticos de la comunidad hispana como el Teatro Puerto Rico de Nueva York y otros en Los Ángeles por mencionar algunos ejemplos”, subrayó Rolón Barada.

En la perspectiva del escritor puertorriqueño, la fascinante vida de Montiel en México incluye también otros aspectos que muchas personas ignoran como el hecho de que Alfonso Reyes la haya adoptado como una hija más, tal y como se narra en los propios diarios del destacado escritor mexicano, además de la relación casi oculta que tuvo con el líder comunista Juan Manuel Plaza Huertas, quien había llegado desde 1939 a México a bordo del buque Ipanema, al igual que cientos de exiliados españoles durante el mandato del presidente Lázaro Cárdenas.

Rolón Barada da cuenta en su libro de qué forma Plaza Huertas era el encargado de proteger a Juan Ramón Mercader del Río, el asesino de Trotsky, durante los años que pasó en la cárcel de Lecumberri y cómo se convirtió en representante de Sara Montiel en México. Rolón Barada asegura en su libro que Montiel “estableció una relación tóxica con Plaza Huertas quien en ese momento era un hombre casado, con dos hijas, que le llevaba más de diez años y que debido a ese contacto la propia Montiel logró visitar varias veces a Ramón Mercader en Lecumberri. En el documental “Asaltar los cielos”, realizado en España durante los años noventa, “Sara era una mujer que gustaba mucho de extenderse en detalles cuando hablaba de algún capítulo de su vida, sin embargo, cuando se le tocaba este tema de Plaza Huertas y Ramón Mercader lo mencionaba muy a vuelo de pájaro, de forma escueta. Supongo que porque hubo algo desagradable en esa experiencia”, dijo el escritor puertorriqueño quien recordó: “Ella huye de él y lo abandona por completo. Deja México para dejar la relación tóxica que lleva con Plaza Huertas… Se marcha una mañana de Cuernavaca y le dice que va a terminar una película en Hollywood y después se irá a celebrar la Navidad a España, cuando en realidad lo está abandonando y en ese momento no se da cuenta. Sara se va a Los Ángeles, luego viaja a España pero cuando regresa a Hollywood se queda y comienza su relación oficial como esposa de Anthony Mann en 1955, a partir del estreno de la película Serenade dirigida por el propio Mann”.

El escritor puertorriqueño recordó otros detalles inquietantes:  “Sara Montiel a su llegada vivió en la Ciudad de México en la avenida Insurgentes y con el éxito que logró pronto se compró una casa en Cuernavaca. Es sorprendente cómo cuando decide irse a Estados Unidos le deja de regalo la casa de Cuernavaca a Plaza y se marcha. Por otro lado en alguna ocasión mencionó en los medios que tuvo un hijo de Plaza Huertas que nació muerto, aunque no hay constancia. Hay quienes han especulado que de no ser cierta la versión de Sara Montiel de que el niño nació muerto, cabría la posibilidad de que haya dejado el niño con su padre. Si así fuese actualmente ese niño sería un hombre de 71 años que tal vez no sepa que fue hijo de Sara Montiel”.

En la vida novelesca de Sara existió también en medio de su relación con Plaza Huertas y Anthony Mann, un romance con Severo Ochoa a quien conoció en una fiesta organizada por el consulado de México en Nueva York, después de un concierto que hizo Agustín Lara y su Orquesta en donde Sara Montiel era la cantante solista.  “Fue en 1953, después de un concierto que dieron en el Teatro Puerto Rico de Nueva York. Ahí se estableció un vínculo entre Severo Ochoa y Montiel. De hecho existe la historia de que en ese tiempo a Sara le había perdurado una tuberculosis que le aquejaba desde años atrás y Ochoa le cura esa enfermedad”.BP

Sara Montiel y Juan Manuel Plaza Huertas, Registro de Extranjeros de Juan Manuel Plaza Huertas, Sara Montiel con el elenco de Serenade. Fotos: ESPECIAL