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EL MANUAL DE LOS APOTECARIOS


Las boticas públicas en Guadalajara siglo XVI al XIX
Una mirada a la Tradición Greco Árabe en la botica Tapatía colonial

COLUMNA DE OPINIÓN

Escena en una botica o tienda de boticario, atribuida a Juan Patricio Morlete Ruiz, s. XVIII

Por el historiador Jesús Asdrúbal Ruiz Alcalá/By historian Jesús Asdrúbal Ruiz Alcalá

La misión principal de las boticas al instalarse como institución de salud importada por los españoles en la Nueva Galicia, era resolver problemas específicos de salud para la población española, por ello, es de notar, que no era una práctica novedosa, sino que, le antecedían algunos siglos de previa formación en su arte, que en palabra de John D. Bernal, diríamos que “el conocimiento científico surge de necesidades humanas, interacciones sociales y valores de cada época y no solo de destellos individuales, y sigue un derrotero que llega a nuestros días”.


Asimismo, en la práctica farmacéutica se encontraba un componente o fundamento científico-técnico que otorgaba valor intelectual, legalidad y orden que se plasmaba en un texto al que se le denominó farmacopea o también, lo podríamos reconocer como el manual de los apotecarios; esta palabra tiene su raíz en los vocablos griegos pharmakon (medicamento) y poiein (hacer o confeccionar). De ahí, que se ha definido a la farmacopea como un libro utilizado para uso de los farmacéuticos que contiene “la nomenclatura de las drogas, medicamentos simples y compuestos, así como las dosis que deben ser administradas” o, en otras palabras, también podría decirse, que son los “libros de recetas y guías de preparación para unificar la elaboración de remedios medicinales a partir de plantas, minerales y sustancias animales”.


Examinando la conceptualización anterior surge una pregunta básica ¿de dónde procedieron las bases científicas y técnicas en que se fundamentaron las farmacopeas españolas utilizadas en tierras novohispanas y de la Nueva Galicia?


Una sucinta revisión documental de autores acreditados, como Francisco Guerra, La materia médica en el renacimiento; John D. Bernal, La ciencia en la historia de México y Judith Licea en Fuentes de información para el estudio de la farmacia mexicana del siglo XIX, entre otros; así como a referencias muy precisas de documentos del archivo de la Real Audiencia de la Nueva Galicia, contribuirán a responder de manera concreta a la interrogante planteada.

Entonces, justo es mencionar que, principalmente la tradición médico farmacéutica greco-árabe tuvo influencia y relevancia en la construcción de los cimientos en que se iría construyendo el edificio de la farmacología tal cuál la practicaron los españoles en las boticas novohispanas y en particular en la Nueva Galicia.


The primary mission of the pharmacies—established as a health institution brought by the Spaniards to New Galicia—was to address specific health issues faced by the Spanish population. It should be noted that this was not a novel practice; rather, it was preceded by centuries of development in the craft. In the words of John D. Bernal, “scientific knowledge arises from human needs, social interactions, and the values ​​of each era—not merely from individual flashes of insight—and follows a trajectory that extends to the present day.”


Furthermore, pharmaceutical practice contained a scientific-technical foundation that provided intellectual value, legal standing, and order. This was embodied in a text known as a pharmacopeia—or, as we might call it, an “apothecaries’ manual.” The term itself is rooted in the Greek words pharmakon (medicine) and poiein (to make or prepare). Thus, a pharmacopeia is defined as a reference book for pharmacists, containing “the nomenclature of drugs, simple and compound medicines, and the dosages to be administered.” In other words, these are “recipe books and preparation guides” designed to standardize the creation of medicinal remedies derived from plants, minerals, and animal substances.


Examining this concept raises a fundamental question: where did the scientific and technical foundations of the Spanish pharmacopeias—used in New Spain and the territory of New Galicia—originate?


A brief review of the literature by established authors—such as Francisco Guerra’s La materia médica en el Renacimiento (Materia Medica in the Renaissance)—sheds light on this… Works such as John D. Bernal’s La ciencia en la historia de México (Science in the History of Mexico) and Judith Licea’s Fuentes de información para el estudio de la farmacia mexicana del siglo XIX (Sources of Information for the Study of 19th-Century Mexican Pharmacy)—among others—along with specific references to documents from the archives of the Real Audiencia of Nueva Galicia, will help provide a concrete answer to the question at hand.


It is therefore appropriate to note that the Greco-Arabic medical-pharmaceutical tradition played a significant role in laying the foundations upon which the edifice of pharmacology—as practiced by the Spaniards in the boticas (pharmacies) of New Spain, and specifically in Nueva Galicia—was built.


Albucasis y el médico iraní Al-Razis..

En su escrito, La materia médica en el renacimiento del autor Francisco Guerra, se apunta que, la medicina islámica fue una continuación directa de la de los griegos, pues ya, con anterioridad, en el 489 d.C. los árabes se habían dado a la tarea de traducir las obras médicas griegas de Dioscórides y Galeno, mismas que fueron enseñadas en latín en las escuelas de Córdoba y Toledo, ello significó que esta corriente de la ciencia griega arabizada tuvo secuelas perdurables en siglos posteriores, en dónde se ofrecía el repertorio médico y de drogas que hasta el momento se conocía.
Esta línea intelectual en la medicina y farmacia continuó desarrollándose en la estampa de otros médicos árabes que gozaban de gran prestigio y que simbolizaron la calidad de la medicina árabe de aquellos años, por ejemplo, Al-Razi, también conocido como Rhazes (866-925 d.C.) o Avicena (980-1037 d.C.) poseían amplios conocimientos interdisciplinarios, que iban desde la astronomía, a la botánica y química, mismos que les servían para saber seleccionar y preparar drogas.
Ello, advierte, que también fue en la química dónde los médicos islámicos hicieron una buena contribución para el avance de la ciencia y particularmente de la farmacia. Jonh D. Bernal, en su obra, La ciencia en la historia; afirma que “sus tratados revelan un conocimiento directo de las técnicas de laboratorio para la manipulación de drogas, sales y metales preciosos […].
Sin embargo, aun cuando Al-Razi está considerado como uno, sino es que, el más grande de los médicos del mundo islámico de su tiempo, no influyó como debiera en la medicina renacentista española. No obstante, contrario al efecto que tuvieron las obras de Rhazes, Mesué el Joven (Masawayh al-Mardini) farmacólogo y médico (925-1015 d.C.) tuvo una influencia importante en el renacimiento español, su libro traducido al latín como: Antidotarium, sive grabadim medicamentorum compositorum, Padua, 1471; fue reimpreso centenares de veces, permaneciendo por siglos como el texto de farmacia estándar en Europa y sirvió como el manual de los apotecarios, pues su estilo se adaptaba más a la práctica farmacéutica que a la medicina. Francisco Guerra apunta que, en la edición italiana de Mesué por Cesáreo Arrivavene en 1521 se menciona que:
El libro I está destinado a la posología con minuciosa descripción de los pesos y medidas a utilizar en los medicamentos; el II describe treinta y dos drogas naturales comenzando con los alóes y concluyendo con el eléboro, indicando su origen y características de la planta, tiempo de colectarla, preparaciones e indicaciones farmacéuticas, electuarios, jarabes, opiados etc., finalmente el libro IV equivale a un texto de terapéutica clínica, ofreciendo el tratamiento para padecimientos de diferentes partes del cuerpo, a capste usque ad pedes, de la cabeza a los pies, la secuencia que entre los árabes estableciera Rhazes.
Otra obra de suma importancia para la medicina del renacimiento y complementaria para la farmacia, era el Kitab al-Quanun o canon de Avicena. De las cinco partes o libros en que está dividido, dos tiene gran importancia para la farmacia, por estar dedicado a la materia médica y a la terapéutica. La edición latina más usada (1507) del Canon de Avicena, “se inicia en el capítulo I De anisum y concluye en el capítulo 758 Zuccarum alhusar. El libro V Kitab al-adwiya al-murakabba es un formulario de recetas compuestas y se refieren al arte de componer medicamentos”.
Resulta entonces importante, tener presente como ya lo ha mencionado Francisco Guerra, que los autores árabes fueron autoridad en la elaboración de textos sobre terapéutica, y que fue muy perdurable su influencia en la farmacia española, novohispana y en algunos puntos europeos desde el siglo XVI hasta el siglo XIX.


In his text Materia Medica in the Renaissance, author Francisco Guerra notes that Islamic medicine was a direct continuation of Greek medicine. As early as 489 AD, Arabs had undertaken the task of translating Greek medical works by Dioscorides and Galen—texts that were subsequently taught in Latin in the schools of Córdoba and Toledo. This tradition of «Arabized» Greek science left a lasting legacy in later centuries, preserving the medical knowledge and pharmacopeia known at the time.
This intellectual lineage in medicine and pharmacy continued to evolve through the work of other highly esteemed Arab physicians, who exemplified the quality of Arab medicine during that era. Figures such as Al-Razi (also known as Rhazes; 866–925 AD) and Avicenna (980–1037 AD) possessed extensive interdisciplinary knowledge—spanning fields from astronomy to botany and chemistry—which enabled them to effectively select and prepare medicinal substances.
It is also noted that Islamic physicians made significant contributions to the advancement of science—particularly pharmacy—through their work in chemistry. John D. Bernal, in his book Science in History… It is stated that “his treatises reveal a direct knowledge of laboratory techniques for the manipulation of drugs, salts, and precious metals […].
However, even though Al-Razi is considered one of the greatest—if not the greatest—physicians in the Islamic world of his time, he did not exert the influence he should have on Spanish Renaissance medicine. In contrast, the works of Mesue the Younger (Masawayh al-Mardini)—a pharmacologist and physician (925–1015 AD)—had a significant influence on the Spanish Renaissance. His book, translated into Latin as Antidotarium, sive grabadim medicamentorum compositorum (Padua, 1471), was reprinted hundreds of times, remaining the standard pharmacy text in Europe for centuries and serving as a manual for apothecaries, as its style was better suited to pharmaceutical practice than to medicine. Francisco Guerra notes that the 1521 Italian edition of Mesue, published by Cesáreo Arrivavene, mentions the following:
Book I is devoted to posology, providing a meticulous description of the weights and measures to be used for medications; Book II describes thirty-two natural drugs—beginning with aloes and concluding with hellebore—detailing their origins, plant characteristics, optimal harvest times, pharmaceutical preparations, and indications, as well as electuaries, syrups, opiates, etc.; finally, Book IV functions as a text on clinical therapeutics, offering treatments for ailments affecting various parts of the body—a capite usque ad pedes (from head to toe)—following the sequence established among the Arabs by Al-Razi.
Another work of paramount importance to Renaissance medicine—and one that complemented the field of pharmacy—was the Kitab al-Qanun, or Avicenna’s Canon. Of the five parts, or books, into which it is divided, two… It is of great importance to pharmacy, as it is dedicated to materia medica and therapeutics. The most widely used Latin edition (1507) of Avicenna’s Canon “begins with Chapter I, De anisum, and concludes with Chapter 758, Zuccarum alhusar. Book V, Kitab al-adwiya al-murakabba, is a formulary of compound prescriptions, pertaining to the art of compounding medicines.”
It is therefore important to bear in mind—as Francisco Guerra has already noted—that Arab authors were the primary authorities on the creation of texts concerning therapeutics, and that their influence on pharmacy in Spain, New Spain, and various parts of Europe remained highly enduring from the 16th through the 19th centuries.

Mapa de Guadalajara siglo XVIII

En la ciudad de Guadalajara, todavía para el siglo XVIII, es posible notar, que aunque para ese tiempo ya circulaban en España con regularidad las farmacopeas más modernas de ese tiempo, como la Matritense, la Hispana o la de Palacios; en el Archivo de la Real Audiencia de la Nueva Galicia, podemos apreciar a través de la biblioteca del boticario D. Francisco de Bustamante en 1766, que todavía conservaba en su acervo una química de Galeno, pero mayoritariamente distintos textos del árabe Mesué, entre ellas, su farmacopea, es decir, la praxis de este boticario y probablemente de otros, todavía seguían la tradición árabe.

Sin duda, este breve esbozo, permite entrever como la tradición greco-árabe le dio forma al rostro de las farmacopeas en España y en las utilizadas en Guadalajara, sus conocimientos y experiencias concretadas en sus obras médicas y farmacológicas, demuestran que fueron sus aportes, la raíz primigenia de un conocimiento y práctica de los boticarios tapatíos que perduró en todo el periodo colonial y que fue evolucionando y ha perdurado en el tiempo.

En la ciudad de Guadalajara, todavía para el siglo XVIII, es posible notar, que aunque para ese tiempo ya circulaban en España con regularidad las farmacopeas más modernas de ese tiempo, como la Matritense, la Hispana o la de Palacios; en el Archivo de la Real Audiencia de la Nueva Galicia, podemos apreciar a través de la biblioteca del boticario D. Francisco de Bustamante en 1766, que todavía conservaba en su acervo una química de Galeno, pero mayoritariamente distintos textos del árabe Mesué, entre ellas, su farmacopea, es decir, la praxis de este boticario y probablemente de otros, todavía seguían la tradición árabe.

Sin duda, este breve esbozo, permite entrever como la tradición greco-árabe le dio forma al rostro de las farmacopeas en España y en las utilizadas en Guadalajara, sus conocimientos y experiencias concretadas en sus obras médicas y farmacológicas, demuestran que fueron sus aportes, la raíz primigenia de un conocimiento y práctica de los boticarios tapatíos que perduró en todo el periodo colonial y que fue evolucionando y ha perdurado en el tiempo.

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