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Las boticas en hospitales de Guadalajara. Siglo XVI al XVIII


Entre la carencia, caridad y devoción.

COLUMNA DE OPINIÓN

Tomado de: Banco Industrial de Jalisco (editor) (1986) Cartografía de la Nueva Galicia, 2ª ed., Textos, interpretación y transcripción de Leopoldo Orendain y Salvador Reynoso [Guadalajara]: Banco Industrial de Jalisco, p. 22-23.

Por el historiador Jesús Asdrúbal Ruiz Alcalá/By historian Jesús Asdrúbal Ruiz Alcalá

A partir del asentamiento definitivo de la actual ciudad de Guadalajara en 1542 se trataron de asegurar los servicios de salud, para ello, como era de esperarse, comenzaron la fundación de los primeros hospitales con su respectiva botica como una alternativa válida y necesaria para la curación de las enfermedades de los pobladores de la reciente localidad, sumándose con ello, a ciertas tareas médicas y farmacéuticas de algunos religiosos principalmente franciscanos, que ya despachaban algunos medicamentos predominantemente herbolarios a través de las boticas conventuales.

La creación de un modelo de atención médica de tipo hospitalario es comprensible cuando se toma en consideración el antecedente, de que los españoles heredaron conocimientos médicos de los griegos por vía de los árabes, pero también fue heredada la tradición hospitalaria. Era común, en los hospitales árabes que se levantaron en la península ibérica, enseñar medicina y divulgar las obras de sus máximos exponentes como Rhazes y Avicena, que a su vez estaban influenciados por Hipócrates, Galeno y Aristóteles.

Con tal precedente, los establecimientos hospitalarios en la Nueva Galicia durante la colonia se fundaron y funcionaron bajo la égida religiosa, adoptando el modelo de institución médica europea que se definió como “el hospital convento”.

Fue así, que, a lo largo del periodo colonial, Guadalajara contó prácticamente con dos hospitales convento que albergaban a diferentes grupos étnicos, éstos son: el hospital de San Juan de Dios y el hospital Real de San Miguel, ambos con su respectiva botica.  

Por el año de 1551 se concluyó la capilla de Vera Cruz a instancias del obispo Pedro Gómez de Maraver, donde a su lado, también se construyó a petición de la ciudad un hospital llamado de la Vera Cruz, que posteriormente sería conocido con el nombre de San Juan de Dios, ya que fue administrado por la Orden de San Juan de Dios a partir de 1606 en sustitución de los cofrades de la sangre de cristo, “siendo el primer hospital que funcionó de manera permanente en la ciudad”.

Sin embargo, la austeridad económica fue la característica que rigió normalmente a dicho hospital, reflejándose también en la calidad de servicios y productos que pudo tener su botica. El historiador José R. Benítez ya ha comentado, que su estado en que se encontraba así lo indicaba, en ese tiempo estaba regido por Fr. José de Medrano, segundo de los priores juaninos, y en cuestión de medicinas, decía que, se reducían a “un bote de ungüento de acar, unos polvos llamados sandalinos para hacer ungüento sandalino y un poco de ungüento llamado ejiciaco [sic]; cuando necesitaban otras medicinas se ocurría a comprarlas a las casa del Lic. Rodríguez, con excepción de los jarabes, lamedores, leches, sueros, sudoríficos y bebidas que se hacían en el mismo hospital”.

Considerando el informe de Fr. José de Medrano, es notorio que los productos en existencia de la botica del hospital de San Juan de Dios, que se reducían a unos cuantos polvos, ungüentos y líquidos, tal vez, no satisfacían las necesidades prioritarias ni aun de los mismos internos.

Por otra parte, el hospital de San Miguel, fue erigido el 20 de septiembre de 1587 por el obispo Fr. Domingo de Arzola, era en esos momentos el segundo hospital de la ciudad, instalado en el convento de las monjas dominicas de Santa María de Gracia que hoy es el lugar que ocupa el mercado Corona.

En su descripción geográfica de la Nueva Galicia, escrito a inicios del siglo XVII por el obispo y cronista Alonso de la Mota y Escobar, señaló que, el hospital de San Miguel contaba desde sus inicios con una botica. No obstante, las condiciones del hospital no parecían encontrarse siempre en buenas condiciones, pues se decía que, sus funciones estaban a merced de la abundancia o la escasez.

Sin embargo, años más tarde, con la llegada de los betlemitas al hospital de San Miguel en 1706 se gesta una nueva etapa de prosperidad, incluso, el recinto hospitalario se llamaría en adelante Real Hospital de San Miguel de Belén.

El historiador José R. Benítez, ya ha señalado, que, una referencia que permite considerar su mejoría tanto en el hospital como en su botica, es el informe elaborado por el Dr. D. Pedro Camarena y el Prior de San Juan de Dios Fr. Leoncio Alranzón, que en su visita que por reales órdenes hicieron en el año de 1771 señalaron que: “la botica estaba tan bien surtida, que en marzo de 1769 en que se había hecho cargo el prefecto Fr. Joaquín de Santa Ana, que todavía lo gobernaba, se estimaban las medicinas y demás muebles de la botica en $8,031 4rs. suma importante para la época. Allí acudía el público también a comprarlas por módico precio y se les daba gratuitamente a las mujeres pobres […]”.

Poco años después a instancias del Obispo Fray Antonio alcalde se decidió construir de nuevo el Hospital Real de San Miguel de Belén en las afueras de la ciudad, fue así, que en mayo de 1794 se trasladó del antiguo sitio al edificio nuevo, que hoy en día conocemos como hospital civil. Josefina Muriel, en su libro sobre los hospitales de la Nueva España, ha mencionado que fue en ese entonces “el más hermoso y funcional de los edificios hospitalarios que hubo en esos años en la Nueva España. Su planta fue radial […] todas las salas quedaban separadas por jardines […] tenía siete salas […] ropería […] sala de autopsias […]” y por supuesto, contaba con su respectiva botica, que se puede notar estuvo surtida y bien conformada.
A manera de corolario, es posible asumir, que las boticas de hospitales en una primera etapa de consolidación de la ciudad de Guadalajara en los siglos XVI y XVII carecieron de regularidad, calidad y surtido en su atención al público interno o externo de los nosocomios, reflejando un carácter funcional más paliativo que curativo; no obstante, su función social nunca dejó de tener un enfoque caritativo para el doliente que se encontraba o que acudía a sus recintos. Y no es, sino, hasta el siglo XVIII, que la mejora tanto de la atención hospitalaria como de su botica es más notoria. Y lo que parece siempre estuvo vigente, es que religiosos de distintas órdenes siguieron constituyendo el personal que atendía a los enfermos, y podría decirse, que pudieron estar encargados o al menos ayudando en la operación de las boticas hospitalarias.

From the definitive settlement of the present-day city of Guadalajara in 1542, efforts were made to ensure healthcare services. To this end, as expected, the first hospitals were founded, each with its own pharmacy, as a valid and necessary alternative for treating the illnesses of the inhabitants of the newly established town. This complemented the medical and pharmaceutical work already being done by some religious orders, primarily Franciscans, who were dispensing some medicines, mainly herbal remedies, through convent pharmacies.

The creation of a hospital-based model of medical care is understandable when one considers the fact that the Spanish inherited medical knowledge from the Greeks via the Arabs, but they also inherited the tradition of hospitality. It was common in the Arab hospitals built on the Iberian Peninsula to teach medicine and disseminate the works of its leading figures, such as Rhazes and Avicenna, who were themselves influenced by Hippocrates, Galen, and Aristotle.

With this precedent, the hospital establishments in New Galicia during the colonial period were founded and operated under religious auspices, adopting the European medical institution model known as the «hospital-convent.»

Thus, throughout the colonial period, Guadalajara had practically two hospital-convents serving different ethnic groups: the Hospital of San Juan de Dios and the Royal Hospital of San Miguel, both with their respective pharmacies. Around 1551, the Vera Cruz chapel was completed at the behest of Bishop Pedro Gómez de Maraver. Next to it, at the city’s request, a hospital called Vera Cruz was also built, later known as San Juan de Dios, as it was administered by the Order of Saint John of God from 1606 onwards, replacing the members of the Confraternity of the Blood of Christ. It was «the first hospital to operate permanently in the city.»

However, economic austerity was the defining characteristic of this hospital, which was also reflected in the quality of services and products offered by its pharmacy. The historian José R. Benítez has already commented that its condition indicated this. At that time, it was governed by Fr. José de Medrano, the second of the Juanine priors, and regarding medicines, he said that they were limited to “a jar of acar ointment, some powders called sandalinos to make sandalino ointment, and a little ointment called ejiciaco [sic]; when other medicines were needed, they resorted to buying them from the house of Lic. Rodríguez, with the exception of syrups, laxatives, milks, serums, sudorifics, and drinks, which were made in the hospital itself.”

Considering Fr. José de Medrano’s report, it is clear that the products in stock at the pharmacy of the Hospital of San Juan de Dios, which were limited to a few powders, ointments, and liquids, perhaps did not satisfy the priority needs, not even of the patients themselves. On the other hand, the San Miguel Hospital was erected on September 20, 1587, by Bishop Domingo de Arzola. At that time, it was the second hospital in the city, located in the convent of the Dominican nuns of Santa María de Gracia, which is now the site of the Corona Market.

In his geographical description of New Galicia, written at the beginning of the 17th century, Bishop and chronicler Alonso de la Mota y Escobar noted that the San Miguel Hospital had a pharmacy from its inception. However, the hospital’s conditions did not always seem to be good, as it was said that its operations depended on abundance or scarcity.

Nevertheless, years later, with the arrival of the Bethlehemites at the San Miguel Hospital in 1706, a new era of prosperity began. The hospital would then be called the Royal Hospital of San Miguel de Belén. The historian José R. Benítez has already pointed out that a reference that allows us to consider the improvement in both the hospital and its pharmacy is the report prepared by Dr. Pedro Camarena and the Prior of San Juan de Dios, Friar Leoncio Alranzón, who, in their visit carried out by royal orders in 1771, noted that: “the pharmacy was so well stocked that in March 1769, when the prefect Friar Joaquín de Santa Ana, who was still governing it, had taken charge, the medicines and other furnishings of the pharmacy were valued at $8,031 4rs, a significant sum for the time. The public also came there to buy them at a modest price, and they were given free of charge to poor women […]”.

A few years later, at the behest of Bishop Fray Antonio Alcalde, it was decided to rebuild the Royal Hospital of San Miguel de Belén on the outskirts of the city. Thus, in May 1794, it was moved from the old site to the new building, which we know today as the Civil Hospital. Josefina Muriel, in her book on the hospitals of New Spain, mentions that it was at that time “the most beautiful and functional of the hospital buildings that existed in those years in New Spain. Its floor plan was radial […] all the wards were separated by gardens […] it had seven wards […] a linen room […] an autopsy room […]” and, of course, it had its own pharmacy, which was clearly well-stocked and organized.

As a corollary, it is possible to assume that hospital pharmacies in the early stages of Guadalajara’s consolidation during the 16th and 17th centuries lacked regularity, quality, and a sufficient selection in their service to both inpatients and outpatients, reflecting a more palliative than curative function. However, its social function never ceased to have a charitable focus on the suffering patients who were in or came to its premises. It wasn’t until the 18th century that the improvement of both hospital care and its pharmacy became more noticeable. And what seems to have always remained the case is that religious members of various orders continued to make up the staff who cared for the sick, and it could be said that they were in charge of, or at least assisted in, the operation of the hospital pharmacies.

El contenido de esta columna de opinión es responsabilidad única del autor

ARTE. El MUSA de la UdeG exhibe Correspondencias: Orozco-Eisenstein


La muestra que puede visitarse del 27 de marzo al 2 de agosto se realiza en el marco de la edición 41 del Festival Internacional de Cine de Guadalajara (FICG)

Algunas de las piezas de la muestra Fotos. CLAUDIA ANDALÓN

Enrique Vázquez Lozano / Guadalajara

Correspondencias: Orozco-Eisenstein, es el nombre de la exposición curada por Laura Ayala que el Museo de las Artes de la Universidad de Guadalajara (MUSA de la UdeG) exhibe del 27 de marzo al 2 de agosto y que es una actividad más que se desarrolla en el marco de la edición 41 del Festival Internacional de Cine de Guadalajara (FICG).

La muestra plantea al espectador un recorrido entre coincidencias temporales y creativas que resaltan, en lo individual y en conjunto, las experiencias del muralista jalisciense José Clemente Orozco (1883-1949) y del cineasta soviético Sergei Eisenstein (1898-1948), quienes en determinado momento de su vida se establecieron fuera de sus países de origen durante periodos marcados por cambios y nuevos inicios.

Entre la serie de Dibujos, fotogramas, fragmentos cinematográficos, libros autobiográficos y de teoría del arte y obra pictórica que integran la muestra, destaca la proyección permanente de la película ¡Que viva México!, de Eisenstein la película ¡Que viva México! . También se llevarán a cabo proyecciones de este material en el Cineforo de la Universidad de Guadalajara.
“A Orozco siempre hay que revisarlo. Ahora me ayudó Einseinstein, esta muestra nos da un punto de vista de la obra de Orozco a partir de la mirada de un gran cineasta, una persona con una formación estética solidísima, polifacética, es una muy buena oportunidad. Me parece también una gran oportunidad de oro acercar a los jóvenes a sucesos que pasaron hace cien años y poner a su alcance reproducciones de murales en viniles de gran formato de gran resolución, que de otra forma sólo van a ver en libros y en estampas, creo que la dimensión es muy importante para que puedan ver el trazo. Es el producto de una investigación que he realizado desde 2019, dijo Ayala quien agrego: “El punto de partida de esta investigación fueron las cartas, yo hago una revisión iconográfica de los dos artistas. Mi enfoque es a partir de la Historia del Arte. Además de los textos se enviaban fotos, imágenes, encontramos una admiración mutua, Eisenstein desde México y Orozco desde Nueva York. El objetivo es revelar sus puntos de encuentro, tanto estéticos como ideológicos, explorados desde la disciplina y el sentido del humor tan particular que define a cada uno”.

Ayala detalló que las piezas de la exhibición pertenecen a diversas colecciones del del Museo de Arte Carrillo Gil y del Museo Cabañas, así como reproducciones de murales del Antiguo Colegio de San Ildefonso, del Archivo Estatal Ruso de Literatura y Arte, y del Film Study Center-MoMA, destacó que todo fue posible gracias al apoyo del Fideicomiso educativo Pyrrha Gladys Grodman, que gestiona la University of Guadalajara Foundation USA.

Durante la inauguración Estrella Araiza, drectora del FICG, Estrella Araiza, compartió: “Es muy interesante ver cómo dos artistas de las antípodas, provenientes de lados opuestos del mundo, pudieron realmente congeniar en cuanto a ideas creativas. Porque las ideas creativas son lo más difícil de poner, justo por eso existe la figura del director. Ver este tipo de influencias mutuas es muy hermoso”. En el acto inaugural también estuvieron Moisés Vizcarra Schiaffino, director del recinto y Aleksandr Batadeev, ministro consejero de la Embajada de Rusia en México.

Correspondences: Orozco-Eisenstein is the name of the exhibition curated by Laura Ayala, which the Museum of Arts of the University of Guadalajara (MUSA of the University of Guadalajara) is presenting from March 27 to August 2. It is one of the activities taking place within the framework of the 41st Guadalajara International Film Festival (FICG).

The exhibition invites viewers on a journey through temporal and creative coincidences that highlight, both individually and collectively, the experiences of the Jalisco muralist José Clemente Orozco (1883-1949) and the Soviet filmmaker Sergei Eisenstein (1898-1948), both of whom at certain points in their lives lived outside their countries of origin during periods marked by change and new beginnings.

Among the series of drawings, film stills, film fragments, autobiographical books, works on art theory, and paintings that comprise the exhibition, the permanent screening of Eisenstein’s film ¡Que viva México! stands out. Screenings of this material will also be held at the Cineforo of the University of Guadalajara.

“Orozco always needs to be revisited. Now, Eisenstein has helped me; this exhibition gives us a perspective on Orozco’s work from the point of view of a great filmmaker, a person with a very solid aesthetic background, multifaceted—it’s a very good opportunity. I also think it’s a golden opportunity to bring young people closer to events that happened a hundred years ago and to make available to them high-resolution, large-format vinyl reproductions of murals, which they would otherwise only see in books and prints. I think the size is very important so they can see the brushstrokes. It’s the product of research I’ve been conducting since 2019,” said Ayala, who added: “The starting point for this research was the letters; I’m doing an iconographic review of the two artists. My approach is based on Art History. In addition to the texts, they sent photos and images; we found a mutual admiration, Eisenstein from Mexico and Orozco from New York.” The goal is to reveal their points of convergence, both aesthetic and ideological, explored through the discipline and unique sense of humor that define each of them.”

Ayala explained that the pieces in the exhibition belong to various collections of the Carrillo Gil Art Museum and the Cabañas Museum, as well as reproductions of murals from the Antiguo Colegio de San Ildefonso, the Russian State Archive of Literature and Art, and the Film Study Center-MoMA. She emphasized that everything was made possible thanks to the support of the Pyrrha Gladys Grodman Educational Trust, managed by the University of Guadalajara Foundation USA.

During the opening, Estrella Araiza, director of the FICG, shared: “It’s very interesting to see how two artists from opposite ends of the world were truly able to connect in terms of creative ideas. Because creative ideas are the most difficult thing to bring to life, that’s precisely why the role of the director exists.” “Seeing this kind of mutual influence is very beautiful.” Also present at the opening ceremony were Moisés Vizcarra Schiaffino, director of the venue, and Aleksandr Batadeev, Minister Counselor of the Russian Embassy in Mexico.